Génesis 2:16-17

16 Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer;
17 mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.

Génesis 3:11

 

11 Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses?

Génesis 3:17

 

17 Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste a la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo: No comerás de él; maldita será la tierra por tu causa; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida.

Génesis 3:22

 

22 Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal; ahora, pues, que no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida,  y coma, y viva para siempre.

Según Boettner en el libro La Predestinación, pág 56; “El hombre tiene libre albedrío pero no puede generar el amor de Dios en su corazón. La voluntad del hombre es libre en el sentido de que no está controlada por fuerza alguna fuera de sí mismo”.

Dios tuvo la oportunidad de crear al hombre con la aptitud para no pecar, para ser una persona totalmente sometida a la autoridad y justicia de Dios, podía haber sido un esclavo de Dios, un jugete a control remoto. Pero como podemos apreciar en los versículos anteriores, Dio lo hizo libre. Dios crea un árbol dandóle el consejo, advertiendole de que no comiera del fruto que daba ya que el día que lo comiera ciertamente morirá, además de advertirle le informa de los acontecimiento que resultaría de esto. También podemos decir que Dios tenía el poder de impedir que Eva no comiera del tal fruto. Otra alternativa pudo haber sido que Dios le avisara a Adán sobre lo que estaba haciendo la mujer y de esta forma impedir que Adán comiera del fruto prohibido. Pero como lo demuestran las escritura no fué así. Aprobo voluntariamente la decisión de Adán y Eva. De esto podemos deducir que los pecados son consecuencias de un conocimiento previo del líbre albedrío que el ser humano tiene para desobecer la voluntad de Dios y las sanciones que los hombres reciben son consecuencias de su separación del camino de Dios. Como ya hemos visto Dios les informó del resultado de una vida sin hacer caso a las leyes de Dios. Loraine Boettner no dice lo siguiente; “Las normas de Westminster, al tratar el profundo mistyero del mal, proceden con sumo cuidado a fin de guardar el carácter de Dios aun de la más leve insinuación del mal. El pecado es atribuido a la libertad dada al hombre. Respecto a todos los actos pecaminosos, las normas afirman enfáticamente que la pecaminosidad de éstos proceden únicamente de la criatura, y no de Dios(Boettner, L. Predestinación. Capítulo 17, pág. 196).

 

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